sábado, julio 21, 2007

Los territorios anexados de Mastropiero



Una o dos veces cometí el error de dejar salir a Mastropiero (en la foto, en pleno bostezo) a inspeccionar el hall de entrada. Desde entonces se volvió totalmente fanático y siempre pide salir un rato. Son sus territorios anexados de extramuros. Llegó a cansarme, desde luego, pero luego la cosa se puso más seria: el tipo aprendió a abrir la puerta. En el fondo me da igual que abra, salga, entre, lo que quiera, pero que cierre. Cosa que jamás le pasará por la cabeza.

Un par de veces me encontré al llegar con la puerta abierta, por lo tanto me obliga a tener cerrado con llave todo el tiempo, incluso cuando estoy dentro. Al encontrarse con tal contrariedad y límite arbitrario a su libre albedrío, le ha dado a veces por pararse delante de la puerta y llorar. De nada sirve que le explique que salir no es su derecho. Esto no entra en su lógica de gato.

De vez en cuando me apiado y lo dejo salir un ratito. Y es muy gracioso porque se recorre todo el hall con la nariz pegada al suelo, a las paredes, a la escalera. Como si lo moviera una fuerza que procede de su hocico. Lo inspecciona todo con curiosidad y un poco de temor. Y así un rato hasta que se cansa, o me canso yo, o sube la señora del cuarto piso con sus dos perros.

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